jueves, junio 30, 2005

RE COGIENDO PALABRAS

Re cogiendo palabras
(Texto de Marcelo Rodriguez presentado en clase de Discursiva IV)

Por supuesto, si escribes algo tendrás que pensar en el lector y tomar tus distancias; pero te has acercado tanto que cualquier cosa que digas de mi libro será siempre una vivencia, como hubiera querido el pobre Oliveira, y no una valoración de magister, de las que me llegan docenas y que yo olvido minuciosamente.
(Cartas de Julio Cortázar a Roberto Fernández Retamar)
París, 17 de agosto de 1964


Cuántas mentiras caben en estas aulas? Infinitas. Tantas, pero tantas, que no lo podés creer. Te falta imaginación para darte una idea. Pero eso no es todo. Sí, te digo que todavía hay más: están los que te exigen ser coherente, adecuado y correcto.
Ya ves, suman mentiras y exigencias
Entonces aparecen… (no me lo contaron, los vi, los escuché, los leí) los que se ajustan a todas las reglas. Los que construyen textos hermosos, biensonantes, irreprochables, lógicos... que sin embargo encubren mentiras (contrabandos ideológicos diría mi abuelo anarquista)
Aquellos y éstos, me tienen sin cuidado. Se parecen a quienes tergiversan, prostituyen y proscriben a las palabras. Tontos, encima proclaman a los cuatro rumbos, su única verdad. Por favor!
Yo estuve en lugares donde la palabra no existe. Allí, donde prima otro lenguaje: el de la acción. Ni siquiera pensamiento, solo pasaje al acto. Lugares donde el no, no existe en las bocas de las mujeres que no tienen derecho a nada. Ni siquiera a negarse.
Estuve ahí, donde la queja entre dientes encubre el orgullo herido del trabajador disconforme. El que no puede decir nada. Solo aceptar lo que el patrón le da, y agradecer.
Compartí con los exiliados que tienen palabras diferentes, en distintos idiomas, que se obligan a callarlas, a silenciarlas, para no ser discriminados.
Intuí en esos días que las palabras no son inocentes, que llevan una carga fuerte, y entendí sobre el silencio y comprendí eso de “la cura por la palabra”.
Supe que hay letras que cuestan la vida, que te ponen en peligro, quizás por eso no pregunté, en esas siestas, por qué esas llamas se consumían esas revistas con hermosos diseños, con excelentes fotos y que contaban las historias de las revoluciones en el mundo. No recuerdo si me lo dijeron pero, supe frente a esa fogata que se llevaba a Mao, al Che, a Fidel, a Lenin, que había en las letras un poder que se me escapaba.
¿Podría entretenerme luego enunciando: “un comunicador social debe.... bla, bla, bla? ó “tiene que ser absolutamente ... bla, bla, bla? palabrerios y más palabrerios.
La palabra se les escapa a los academicistas, porque las palabras (parafraseando a Lanata, un comunicador) son como nosotros los seres humanos, como los jóvenes que admiro y amo...
Ellas pueden ser irreverentes, irrespetuosas, descaradas... Tanto, que ni piden permiso. “Se mandan”. Se mezclan con otras. No desean yacer en el cementerio llamado diccionario académico. Son promiscuas y se meten a la cama con otras palabras, con otros idiomas, sin prejuicios, sin miedos. En lugar de cementerios quieren ese semen que las empreñe para dar a luz nuevos significados.
Yo digo que un comunicador trabaja más que con palabras. Lo hace con realidades, con vidas palpables. Su materia prima no son objetos desprovistos de vida e inamovibles.
Su acción tiene relevancia.
El comunicador se pone en el medio ... y cuenta. Porque si no contara no tendría valor. Y su palabra sería banal. La palabra también está en el medio... y por eso cuenta. Por eso se busca banalizarla. Por eso se la quiere encerrar entre reglas y normas.
Prefiero a la palabra libre buscando su objeto. Quiero palabras con toda la vitalidad, capaces de empreñar la realidad.
Palabras que sean algo más que palabras. Palabras que digan algo más que palabras. Palabras que creen nuevos mundos y realidades. Palabras que recuperen la subjetividad.
Palabras que puestas a girar en el aire o detenidas, objetivadas en el papel... den a luz, la esperanza de que otro mundo es posible.
¿Cuál es la razón por la que se pone tanto empeño en la norma, en la regla, en lo ya instituido? ¿se busca ser como el criminal nazi Eichmann, que se refiere a si mismo diciendo “mi único lenguaje es burocrático”, sin utilizar “ningún dicho que lo implique en forma personal” como cita Hanna Arendt, citada a su vez por Bejla Rubin de Goldman.
¿Cuál es el motivo que lleva a acumular palabras, oraciones, enunciados... de otros? ¿por qué razón el acopio de citas que adornan textos que no expresan nada? ¿Por un placer onanístico, de simplemente escuchar un par de oraciones bien construidas y tener un orgasmo lingüístico?
Líbrenme Dios, Cortazar y Bukowsky de tan estrecho anhelo. Prefiero el mandato de Henry Miller “que lo que escribas o digas tenga la potencia de todas las bombas atómicas juntas”.
Romper con la estructura (lo instituido) del discurso es el desafío para los que buscan dejar una marca... “modificar destinos”, transformarse en instituyentes.
Es una tarea de mujeres y hombres libres, de personas despiertas que no permiten que el modelo institucional se transforme, al decir de Heidegger, en el “aplanamiento de todas las posibilidades del ser”.
Ya ves. La cosa va más allá del manejo de un par de herramientas, de la aplicación correcta de técnicas... pasa tambien por “descubrir lo que somos; pero para rechazarlo”, como dice Foucault, por “conquistar lo intersubjetivo y la potencia constituyente de las conciencias libres”.
Es eso o como dice José Pablo Feinmann: entregarse al poder del poder comunicacional, que degradando todo intenta someternos al “sofocante Imperio Nacional del Culo”.
Es encontrar esa palabra que resuena dentro de nuestra gente. Es animarse a levantarle la falda y “meterle mano” a fin de que surjan y se expresen con todo. Las palabras no necesitan técnicos, precisan amantes eufóricos, apasionados, que se jueguen, que corran riesgos, que busquen el límite, para sobrepasarlo
Entonces, ¿te animas a más?
Vos tenés la palabra.

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Autores consultados:
Arturo Perez Reverte: “La reina del sur”
José Pablo Feinmann: “La historia desbocada”
Charles Bukowsky: “Lo que mas importa es lo bien que caminas por el fuego”
Roland Barthes: “El placer del texto y leccion inagural”
Julio Cortazar: “Rayuela”
Nora Delgado
Ernesto Cardenal
Angel Gonzalez: “La palabra en el aire”
Walter Ong
Valeria Andruchovicz: “Escritos manuscritos ineditos”
Jorge Lanata: ADN
Liliana Lazcoz
Bejla Rubin de Goldman


Me gusta pensar en toda esta gente

que me enseñaron tantas cosas que yo

nunca había imaginado antes.

y me enseñaron bien,

muy bien

cuando eso era tan necesario

me mostraron tantas cosas

que nunca creí que fueran posibles.

todos esos amigos

bien adentro de mi sangre

quienes

cuando no había ninguna oportunidad

me dieron una.

charles bukowski


miércoles, junio 29, 2005

SENTIR LAS PALABRAS

Este ensayo pertenece a Fernando Rosa y fue leido el 23/05/2005, en la clase de Discursiva IV

Sentir las palabras.

Oí por ahí que el Diccionario de la Real Academia Española ha agregado para su nueva edición alrededor de 2500 palabras.
Sí, 2500 palabras nuevas y algunas enmiendas, adiciones y supresiones a las ya conocidas. Y es que el tiempo todo lo altera y la lengua no es ajena al paso del tiempo, eso me lo enseñó Ferdinand de Saussure[1].
Así aparecen nuevas palabras para aquellos que gustan armar bellos discursos y nosotros futuros comunicadores debemos trabajar con ellas pues las palabras son como nuestra materia prima.
Ahora nos encontramos con vocablos nuevos y algunos, ya los usábamos, pero no estaban incluidos en este prestigioso Diccionario que de cierta forma rige nuestra lengua castellana.
Pero mucho antes de empezar a usar estas nuevas voces, sería mucho más productivo que revisemos las que ya tenemos para que nos pongamos de acuerdo en que queremos decir cuando decimos lo que decimos y sentarnos a debatir si realmente hacemos un buen uso de las palabras, para evitar futuras desilusiones en aquellos que oyen nuestro discurso.
Pues hay palabras que hoy utilizamos y nos llenamos la boca de ellas y sin embargo pareciera que no sabemos que significan o no sabemos aplicarlas o si sabemos pero mejor decir y no hacer.
Palabras que los sectores de poder dicen y proclaman y palabras que las mayorías marginadas por no poder, reclaman.
Por ejemplo la palabra dignidad, la mayoría de la población mundial no la conoce y la dignidad no es sinónimo de afortunado.
Derechos humanos siempre escuchamos estas palabras pero que mal son utilizadas, quienes despotrican por ellos son los humanos más torcidos.
Son los mismos que utilizan la palabra libertad y en su nombre someten a los pueblos a vivir en la pobreza
Y democracia ¿Realmente sabemos aplicar esta palabra? su etimología, es decir su origen, parece ser claro, esta compuesto por dos vocablos griegos demos: pueblo y cratos: poder, gobierno, soberanía.
Estas palabras definen a la democracia como soberanía, poder o gobierno del pueblo, entonces pregunto ¿esto que vivimos es democracia?
Y pensamos como sinónimos los antónimos y de la guerra depende la paz mundial, contradicciones del discurso.
Y si menciono la palabra justicia, quienes deben aplicarla pareciera que no saben que significa. Aunque juzgar sabemos, pero ¿somos justos? Y así trastocamos en insignificantes las palabras que más significan.
Yo quiero luchar contra la realidad de todos los días y pensar que la palabra debe servir a la sociedad y no ser vil con la misma.
Pero mi deseo parece inalcanzable y me pregunto ¿para que sirven las palabras? ¿Para disfrazar la realidad, para que suene bonito lo que decimos y no sea tan evidente lo que hacemos?
Y también pregunto ¿a quienes sirven? Si somos futuros comunicadores sociales nuestras palabras deberían tender al beneficio de la sociedad, pero hoy quienes producen discursos, producen sentido y paradójicamente estamos inmersos en un sinsentido donde los menos tienen más y los más cada vez poseen menos.
Eduardo Galeano lo resume en el título de uno de sus libros esto que vivimos ·”Patas arriba. La escuela del mundo al revés” en un fragmento nos cuenta que “El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contra cara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contra escuela”[2].
Yo siento que la palabra debe ser acción y no simple retórica, debe sonar inadecuada e incoherente a los oídos del poder, debe movilizarse del papel para movilizar y cumplir su papel, el de construir un verdadero sentido de lo que es democracia, de lo que es ser humano, ser justo, ser digno y por sobre todas las cosas darle significado a esto que llamamos vivir.
[1] Saussure, F de “Curso de Lingüística General”, Barcelona, Planeta. 1985.
[2] Galeano, E “Patas Arriba. La escuela del mundo al revés”, Catálogos. 1998.

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martes, junio 28, 2005

Palabras de una Comunicadora... ¿Poeta Social?

Valeria Andruchovicz escribió este texto para ser leído en voz alta en la clase de Discursiva IV

Mi psicóloga le había dicho a mamá que no en vano yo estudiaba comunicación social. Paradójico pensé: ¿comunicadora social? Yo, que me paso horas frente al equipo de música escribiendo para mí.
¿Será?
Pero bueno... Uno siempre busca expresar algo... a los otros.
Mientras sigo ocupada en la “comunicación intrapersonal”, concepto oído por ahí en algún mes del primer año de la carrera que elegí, recuerdo palabras, y más palabras... Autores que definen o intentan definir al lenguaje, algunos que leí atenta, otros que apenas hojeé desinteresada, y me dí cuenta que escribían sobre el comprender, el hacerse comprender, el “comprender(ser)...
Yo ya amaba las palabras desde antes. Jugaba con ellas. Tomaba frases prestadas de algún libro de poesías, de una canción de Sabina... ¿quién las habrá inventado? ¿para qué?
Descubrí que ellas me alivian, me sirven, me consuelan... ¿seré capaz algún día de acomodarlas bien, de adecuarlas, de modo que sean útiles? ¿de hacer el gesto justo, de dar la mirada casi perfecta, para ser escuchada, y al fin comprendida?
Mi interés aumentaba, y no sólo por las palabras, veía a la comunicación en todos lados, los cuerpos me hablaban, las distancias me decían cosas, es que estaban ahí, esperando para comunicar... Giraud, pensé... ¿habrá influido demasiado en mi vida personal?
La gente empezó a pensar que yo estaba enloqueciendo, con mi análisis barato incluido. Me escuchaba decir a mí misma: “Cuando callás, tu cuerpo me habla...”
A pesar de mi delirio, me decidí a seguir a Halliday, para que me ayude a ver tal vez : ¡ se supone que en la universidad se aprende! aunque Einstein nunca fue a una y la llamaba el “chiquero”. La “piloteé” con las variedades del lenguaje, para llegar al “éxito lingüístico” . No hace falta que les diga que estoy utilizando una variedad dialectal para que me comprendan. ¿O sí?
También recuerdo a Liliana Lazcoz, mi profesora de Discursiva I, cuando nos enseñó a leer a Kerbrat, texto casi imposible para mí en ese entonces, que hoy me dice del sujeto y sus determinaciones psicológicas y culturales y sociales, las cuales tengo que tener en cuenta a la hora de comunicarme.
“Comunicadora” , o no, mi mejor amigo me llama escritora, y ahora estoy comunicando esto... pero... ¿entienden de qué les hablo? ¿me hago comprender?
Hablo de lo útiles que son las palabras, del poder que tienen, tanto, que a veces las prefiero a ellas antes que a una salida con amigos...
Es que me gusta escribirlas y darles sentido, por eso escribo más de lo que leo, aunque lo vean egoísta, o poco productivo...
Así que comunicadores, escriban, comuniquen. Sé que en el Anexo hay poetas, que en cuadernos y a los tachones, escriben maravillas, con la sensibilidad del artista, emociones y sentimientos...
“Apertura del sentido, rebasamiento de las fronteras ideológicas, gozosa manifestación del don misterioso de la metáfora, como trinchera última, desde la cual defendernos de la uniformidad mercantil...” expresa el ensayista Ricardo Foster.
¿Es que acaso piensan que debemos dejar de comunicar sentimientos? No es algo tonto. Es lo que necesitamos y buscamos y nos cuesta encontrar hoy comunicadores sensibles a la realidad, empáticos, con ganas y humanos. No necesitamos más noticias en pirámide invertida, estructuras, o más comunicadores hechos de libros. ¡Esos sobran!
“En un ensayo de una belleza y una profundidad inigualables, Claudio Magris ha logrado plasmar lo impostergable de la fe literaria, la secreta persistencia, en su itinerario por la vida humana, de lo ineludible de la literatura como expresión de lo abierto que es, al mismo tiempo, lo secreto y esencial” , continúa Foster.
Magris, otro ensayista, afirma que: “Sin literatura, la existencia sería infinitamente más pobre, no porque ella nos transfiera continuamente hacia las regiones maravillosas de la imaginación, saltando por los límites de una realidad trivial, sino precisamente porque logra, sin abandonar nuestra cotidianeidad, hacerla estallar en mil direcciones, quebrando las univalencias, las formas acabadas de lo verdadero.”
Yo, mientras tanto, voy a seguir tomando frases prestadas, discursos ajenos, de una canción de Illya Kuryaki, de un disco de Spinetta, de un libro de Borges, para crear el mío resignificando sentidos. No tengo que aclarar que leí a Bajtin ¿no es cierto?
Tal vez, nací para ser comunicadora social... Igual voy a seguir escribiendo, para poder comunicarme, y quizás mi comunicación conmigo, pueda ser útil algún día.

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Bibliografía:

-HALLIDAY, M. A. K: 1978 “Lenguaje y situación” pg. 41 a 51 (en Lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y su significado. F.C.E., México, 1982)
-BAJTÍN, Mijail (1952/ 3) “El problema de los géneros discursivos” (Pg. 248 a 293) En Estética de la Creación Verbal. Bs.As., Siglo XXI, 1992. (1ra. Ed. en ruso, 1979). Fragmentos seleccionados.
-CASSANY, Daniel 1987 Cap. “¿Qué es el código escrito?” Pg. 27 a 49 (En Describir el escribir. Cómo se aprende a escribir. Barcelona, Paidós. 1991
-Cassany Daniel, Luna Marta, Saenz Gloria; ENSEÑAR LENGUA, Barcelona, 1994.
-Kerbrat Orecchioni, Catherine. La Enunciación. Bs. As., Hachette, 1995.
-Giraud, Pierre (1980) “El lenguaje del cuerpo” México. F.C.E. pp 65-117
-Revista Lezama. Bs. As., junio de 2005, N° 14.

lunes, junio 27, 2005

ENTENDERSE(R)

Este texto fue escrito para ser leido en la clase de Discursiva IV de la carrera de Comunicación Social-UNaM

“La riqueza y diversidad de los géneros discursivos es inmensa, porque las posibilidades de la actividad humana son inagotables y porque en cada esfera de la praxis existe todo un repertorio de géneros discursivos que se diferencia y crece a medida de que se desarrolla y se complica la esfera misma”
M.M. Bajtín
El problema que siempre estuvo dando vueltas en mi, fue la dificultad de expresar lo que siento. Tener vergüenza de plasmar mis sentimientos en palabras. Miedos, temor de mostrarme como soy y que nadie me acepte. Por eso siempre decía SI, cuando en realidad era otra cosa lo que sentía, estaba en desacuerdo, quería decir NO. Deseaba con toda mi alma oponerme a tantas cosas…y no, nunca nada.
Eso fue hace mucho, pero todavía me pesa. Aún hoy estoy trabajando en eso...ya no quiero estar en silencio. Como dice Luis Alberto Spinetta “si no canto lo que siento, me voy a morir por dentro…quiero gritarle a los vientos hasta reventar, aunque el sol pierda el tiempo en mi lugar…”
Creo que por eso elegí este camino. Para empezar a decir aquello que siempre me guarde, aquello que me quemaba por dentro. Y hoy me doy cuenta de que no soy la única. Es hora de que la gente hable, empiece a entenderse. Comprender que todos son diferentes y aceptarse por eso. Ver la riqueza que hay en la diferencia, y de ese modo aprender del otro y saber autocriticarse. No ser como yo y tener miedo de hablar. Es tan importante hablar, decir, expresarse, contar...
El ser humano tiene esa admirable capacidad de crear a cada instante palabras, frases, letras, canciones, cualquier tipo de creación lingüística que les permita comunicarse. A la vez, sabe adecuar géneros discursivos a la situación en la que está inmerso en ese preciso instante. Dentro de esa esfera de situación (Halliday) flotan, viajan a través del tiempo, letras, o en su conjunto, palabras que el ser humano toma prestadas, justo en el momento en que las necesita para poder expresarse frente al otro individuo.
Pero muchas veces suele suceder que la interpretación que hace un individuo acerca de lo dicho por otro, se vuelve confusa o no se interpreta con el mismo sentido que fue enviado. Por lo tanto se produce un desentendimiento. Un entrecruzamiento distorsionado de significados, marcado por las diferentes interpretaciones.
¿Qué más pueden hacer las palabras? ¿Qué podemos hacer nosotros con ellas?
No es culpa de los vocablos que el acuerdo de comprensión no se concrete, ya que eso varía según las culturas, las experiencias de vida, las competencias, de los interlocutores. Como también las expresiones (o malas expresiones) que éstos utilicen o la entonación de las palabras, etc. Todo hace al entendimiento.
Las palabras son nada mas que herramientas auxiliadoras del hombre, indispensables para el transporte de mensajes, de significados. O como dice Roland Barthes “la palabra como unidad singular, mónada mágica; el lenguaje como instrumento o expresión del pensamiento; la literatura como transliteración de la palabra…”
Viéndolo de esta forma, con mi hermana estamos trabajando para que el entendimiento de los seres humanos a través de las palabras se produzca.
Mi hermana estudia fonoaudiología. Su función, mas allá de aplicar terapias para corregir las alteraciones de la voz y la audición, es ayudar a las personas a modular las palabras de forma correcta. Entonar adecuadamente los vocablos para que la expresión sea entendible, sin distorsiones. Su trabajo es con el cuerpo, lo físico.
Se encarga de cómo hablan estas palabras, la manera en como dibujan a los pensamientos.
Por otro lado, mi tarea es en el campo de los signos. No trabajo con el “como se dice” sino mas bien a “que quiere decir con eso que dijo”. Es el contenido lo que me importa. Soy traductora entre lo que se dice y se entiende. Ayudo a las palabras a mediar en las situaciones.
Las dos desde esfera distintas muy distintas, con competencias totalmente opuestas, trabajamos para el mismo fin. .
Debido a que el ser humano necesita indagar en sus pensamientos y volcarlos a alguna forma de expresarlo, “La lengua, como ejecución de todo lenguaje, no es ni reaccionaria ni progresista, es simplemente fascista, ya que el fascismo no consiste en impedir decir, sino en obligar a decir.” (Barthes)
No intentamos que las interpretaciones de una misma situación o de algún producto cultural, sean los mismos. Sino que de distintas interpretaciones, se pueda llegar a un consenso.
Un común acuerdo que sea establecido por los seres sociales para aceptar, sin disputas, los diferentes puntos de vista que se tienen de la realidad.
Mi tarea, es entonces anudar, enlazar en medio de este rizoma comunicacional, las diferentes interpretaciones que hay dentro de una determinada esfera. Ayudar a las palabras a unir los cables sueltos dentro de este globo semiótico y cultural, para que el entendimiento sea mas claro.
Mi hermana y yo tenemos algo en común: Trabajamos (ella desde el lado de la salud y yo desde el lado de los signos), con el objetivo de anular las distorsiones y lograr el entendimiento, en al campo de las situaciones de comunicación.
Hay tantos problemas acechando al mundo, que se resuelven con algo tan simple, como es la comunicación. A mi me costó comenzar a expresarme, pero como dice el Flaco, un amigo, “ya me estoy volviendo canción” y creo que nunca es tarde para aprender a hablar.




Fin
Sabrina B. Pedroso

jueves, junio 09, 2005

¡ RETRUCO !

(El presente texto fue escrito por LUCAS BAEZ para ser leido en la cátedra Discursiva IV)

El texto que traigo a compartir con ustedes, surge de uno de los tantos debates que se fueron suscitando en el transcurso de las exposiciones. Me atrevo a decir que tal vez no cumpla con la consigna planteada desde la cátedra, o quizás sí pero a medias. En todo caso siempre va a haber diálogo, tanto en la hipertextualidad del sintagma compuesto como en la negociación, o en tal caso, la discrepancia con el auditorio.
Apelemos a los siguientes cuestionamientos: ¿Son adecuados los aggiornamientos, las preguntas retóricas, las metáforas, las analogías y las estratagemas discursivas en un texto académico? ¿O el comunicador meramente debe limitarse a los tecnicismos que impone la esfera? Esto nos preguntamos el miércoles pasado al debatir sobre la construcción de los textos expuestos en clases precedentes.
¿En qué ámbito estamos inmersos? ¿A quiénes nos dirigimos? El comunicador social, como cientista social, continuamente busca construir enunciados objetivos, pero partiendo del supuesto de que el investigador también es sujeto (como lo dice Bourdieu al exponer la necesidad de objetivar al objetivador es decir, tomar distancia del otro y tomar distancia de uno mismo). Sin embargo, los ensayos expuestos en clase tejían sus discursos apelando a la magia, a la historia de cuentistas, o en otros casos a celebridades del ámbito musical que tomaban vida para darle sentido al texto.
Y aquí vienen las confusiones ¿Acaso no hablábamos de objetividad? ¿Tecnicismo o chabacanería? ¿Enunciados teóricos o máximas del sentido común?
Foucault sostiene que en toda formación discursiva, en un discurso determinado, no hace falta remitirse a un a priori histórico, ni tampoco remitirse a la experiencia del sujeto alocutario para ver lo que quiere decir con lo que dice. Porque en todo caso, es en el texto mismo donde se pueden visualizar estas cosas. El texto es una totalidad que no solo se compone de su estructura morfológica, sintáctica y semántica, sino también de su puesta en escena. Partiendo de esto, debemos admitir que estamos trabajando sobre cosas dichas, sobre saberes que ya están insertos en nuestra experiencia. Y por ello, en toda práctica discursiva continuamente recurrimos a la memoria.
De una manera u otra la premisa de este práctico recae en decir lo mismo de forma distinta -es decir, decimos lo mismo pero no decimos lo mismo- cuando realizamos analogías o metáforas utilizamos un bagaje de herramientas discursivas que dan cuenta de la apropiación que se hace del objeto cultural. Es un hecho que trabajamos, de algún modo, con tautología y es por ello que se pueden justificar los recursos del sentido práctico empleados en los textos.
En “Los patrones de la argumentación”, Roberto Marafiotti expone: “Lo que funciona como garantía última de los argumentos ante cualquier audiencia es el sentido común, porque todo los seres humanos tienen experiencias similares y viven experiencias análogas de modo que comparten los fundamentos que necesitan para usar y comprender métodos similares de razonamiento”.
Es decir, lo que buscamos de manera genuina es tener influencia en el auditorio. Como productores culturales que exploramos el campo discursivo hace varios años, somos conocedores de varias estrategias y herramientas que nos posibilitan construir sentido con y para los otros.
Teniendo en cuenta esto y el contexto de situación en que estamos inmersos en este momento, vuelvo a preguntar: ¿está mal recurrir a la ficción, a la invención y las comparaciones ante un auditorio que hace largo tiempo viene escuchando y trabajando las mismas categorías conceptuales?
Quiero hacer énfasis en esto: la propuesta es recurrir a la memoria y a la experiencia para hablar de las mismas categorías pero de otra forma. Recurrir a la creatividad no excluye la utilización de datos, garantías, modalizadores, restricciones, soportes y conclusiones que son los elementos básicos para construir nuestro ensayo argumentativo.
Llegando al final daré respuesta a la incertidumbre que posiblemente generó el título. Retruco es una palabra que se enuncia generalmente en el tradicional juego de naipes denominado: Truco. Decir retruco es ser ambicioso, es pedir más tanto y no conformarse con lo que se tiene. Desde mi punto de vista es esa la actitud que debemos tener como profesionales, marcando por supuesto las diferencias que se dan por ser esferas distintas. En este ámbito la ambición no debe ser sumar puntos sino saberes, no conformarnos con las competencias ya adquiridas sino buscar nuevas, por medio del debate y la argumentación.
No sé si he cumplido con la consigna pautada por la cátedra. Aborde sobre la temática de un debate que se presentó en el transcurso de las clases y que consideré pertinente a la práctica que estamos llevando a cabo. Mi intención no es más que continuar, críticamente, con una discusión que considero válida por su altura y sus diversos puntos de vistas; que con el aporte y la confrontación nos formará como comunicadores más analíticos. Espero ansiosamente que luego de esta exposición algún compañero pida la palabra y cante: ¡Quiero vale cuatro!
Muchas Gracias.


Bibliografía
Ø Foucault, Michel. “La arqueología del saber” Ed. S XXI 1970
Ø Marafiotti, Roberto. “Los patrones de la argumentación” Ed. Biblos 2003
Ø Menéndez, Silvio Martín. “Gramática textual” Ed. Plus Ultra 1993
Ø Reale, Analía; Vitale, Alejandra. “La argumentación” Ed. Ars 1995
Ø Bajtín, Mijail. “El problema de los géneros discursivos” en Estética de la Creación Verbal (1979) Ed. S XXI 1992
Ø Giddens, Anthony y otros “Significación, producción cultural y escritura”, en su obra “La Teoría social hoy” –1987. Colección Los Noventa. Madrid. Alianza.
Ø Halliday, M. A. K. “Lenguaje y situación” en El lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y su significado. F. C. E. México 1978
Ø Bourdieu, P. “Sociología y cultura”. Ed. Grijalbo / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1990.