EL ROCK AND ROLL DE COMUNICADOR SOCIAL
El Rock and Roll de Comunicador Social es un ensayo de Christian Gimenez
El recuerdo (¿trauma?) más inmediato que tengo del ingreso a la carrera es la pregunta del profesor en la primera clase de Multimedial I: "¿Qué hace Pergolini? ¿Comunicación Social o Periodismo?" Esa fue una interrogación existencial para mí, ¿Qué hacía uno de los tipos qué más admiraba y que había servido de excusa- motivo-inspiración para empezar esta licenciatura? La respuesta del docente me alivio: Pergolini era algo más que un periodista, el era efectivamente un Comunicador Social, con las mil y un actividades que realizaba diariamente. Al inicio, es un cambio brusco abandonar el anhelo por el premio Pullitzer con el que venimos, a cambio de las ininteligibles teorías de Marshal- Weaver, Gramsci o Malinowski. Pero descubrir que la objetividad y la noticia son meras banalidades frente a la complejidad y riqueza del acto comunicativo es algo mucho más valioso. Nos permite ver con nuevos lentes a la realidad que construimos diariamente.
Según Benveniste, la actividad discursiva humana es una acción social capaz de construir y transformar el mundo. El discurso es el lenguaje puesto en marcha, en una situación de comunicación, funcionando socialmente. Este discurso se materializa a través del texto, adquiriendo valor de objeto cultural. Y vaya casualidad, nuestra carrera en Alemania es conocida como "Ciencias del Lenguaje".
Según Halliday, el Lenguaje es un potencial, es lo que el hablante puede hacer en el sentido linguístico, es lo que puede significar. El hablante actúa con el objeto de que tenga sentido lo que hace. El Lenguaje es la habilidad de significar en los tipos de situación o contextos sociales que son generados por la cultura.
Es entonces cuándo me asalta la fascinación respecto a la función que llegan a cumplir los comunicadores sociales en la vida de la población, participando en la construcción de sentido, en la percepción de la realidad de todas las personas que los siguen cotidianamente. ¿Cómo hace Petinatto para sacarle una sonrisa a todo el mundo con su programa a las 6 la mañana o Dolina en plena madrugada? ¿Por qué el artículo de Pergolini sobre la muerte de Adolfo Castelo me arranca lágrimas? ¿Cómo hacen para invadir, instalarse y quedarse en el corazón de tantas personas? ¿De dónde sacan estos locos lindos ese Rock and Roll de Comunicador? Con un cóctel de Beatles, Tato Bores, Cortázar y Norman Mailer como competencia discursiva, estos tipos resignifican diariamente la incierta existencia de miles de almas que andan esparcidas por este país (a través de las repetidoras) y del mundo (a través de las emisoras digitales de los desarraigados).
Son dueños de procesos mentales superiores, como diría Daniel Cassany, poseen estrategias para determinar cuáles son los datos más relevantes y cuál es la forma más atractiva y creativa de organizarlos y ofrecerlos al lector, radioescucha o televidente. Ellos saben como crear la comunión, el lenguaje compartido con el público. Hacen uso de la fórmula ideada por Krashen: articulan competencia (saber) con actuación (saber hacer) y, realmente demuestran que lo saben hacer.
Lo más goebbeliano y maquiavélico es que estos gurués mediáticos tienen el secreto para llegar a lo más variados contextos comunicativos. En el discurso del Comunicador Social se da un diálogo entre lo oral y lo escrito: las voces de las calles y la de los libros terminan entrecruzándose. Ellos nos demuestran que el Comunicador puede jugar y trabajar con su capacidad de tomar los elementos más útiles de cada código para darle belleza y contenido a sus aplicaciones del lenguaje. Para retratar con encanto la vida cotidiana se debe mamar de los senos de varias musas inspiradoras: literatura, filosofía, cine, teatro, historietas y, lógicamente, la música.
Al estar en ese punto de confluencia entre lo académico y lo popular, debemos hacer de traductores, interlocutores, somos muchas veces los portavoces de la gente. Es nuestra responsabilidad y compromiso, el público no sólo delega obligaciones a los gobernantes, sino también a los profesionales de la comunicación encargados de hacer sonar la voz de los sin voces.
Parece todo muy fácil y divertido, pero ¿cuándo se toman un respiro estos productores culturales hiperactivos? Todo el tiempo estan conectados, escribiendo, leyendo, hablando, grabando, filmando. La pasión por la comunicación (ese Rock and Roll en las venas) es más fuerte que el cansancio. Dichos personajes multimedia constituyen un ideal comunicativo contemporáneo: poder disfrutar del trabajo que uno realiza. Ellos juegan con la lengua estándar, pues al tener el dominio de ésta, se permiten deformarla a su gusto, mestizándola con los dialectos o sociolectos, parodiándola a ella y a su "elite" poseedora. Hablar con humor del "hablar bien" es una forma de conciliar al código escrito con el oral, logrando un uso del lenguaje mucho más rico y dinámico. Son como los Beatles de la primer época: todos pulcros y elegantes con sus trajecitos, pero con esa rebeldía pop en su interior, que los incita a romper las estructuras obsoletas de la sociedad. Ellos son conscientes del dinamismo del lenguaje y lo aprovechan al máximo (tanto en su cara popular, como en la académica) para las múltiples modalidades del hecho comunicativo diría Bratosevich. La clave del éxito reside en el talento del comunicador en lograr complementar la oralidad con la escritura, combinando lo inmediato con lo distante, lo formal, con lo afectivo, generando una verdadera interacción con su público.
El comunicador trasgresor juega con la polisemia del lenguaje de la que habla Pulcinelli Orlando: en su discurso se combinan lo expositivo (el periodismo serio) con lo argumentativo (el ensayista de alma) junto a lo lúdico (el payaso-niño que nos saca del formalismo de la lengua acartonada por las instituciones). Es por eso, que muchos de los que creemos que la realidad es más rica que ese caos gris que nos muestra el zapping o los titulares, nos inspiramos en tipos como éstos que nos enseñan constantemente que la labor de un comunicador es mucho más que producir y difundir noticias monótonamente 24 horas por día. El carisma de oro de estos showmen, que no es exclusivo de ninguna cátedra o doctorado mantiene, vigente la magia de los grandes medios y la de la vida de mucha gente que recurre a ellos diariamente buscando algún sentido.
Según Benveniste, la actividad discursiva humana es una acción social capaz de construir y transformar el mundo. El discurso es el lenguaje puesto en marcha, en una situación de comunicación, funcionando socialmente. Este discurso se materializa a través del texto, adquiriendo valor de objeto cultural. Y vaya casualidad, nuestra carrera en Alemania es conocida como "Ciencias del Lenguaje".
Según Halliday, el Lenguaje es un potencial, es lo que el hablante puede hacer en el sentido linguístico, es lo que puede significar. El hablante actúa con el objeto de que tenga sentido lo que hace. El Lenguaje es la habilidad de significar en los tipos de situación o contextos sociales que son generados por la cultura.
Es entonces cuándo me asalta la fascinación respecto a la función que llegan a cumplir los comunicadores sociales en la vida de la población, participando en la construcción de sentido, en la percepción de la realidad de todas las personas que los siguen cotidianamente. ¿Cómo hace Petinatto para sacarle una sonrisa a todo el mundo con su programa a las 6 la mañana o Dolina en plena madrugada? ¿Por qué el artículo de Pergolini sobre la muerte de Adolfo Castelo me arranca lágrimas? ¿Cómo hacen para invadir, instalarse y quedarse en el corazón de tantas personas? ¿De dónde sacan estos locos lindos ese Rock and Roll de Comunicador? Con un cóctel de Beatles, Tato Bores, Cortázar y Norman Mailer como competencia discursiva, estos tipos resignifican diariamente la incierta existencia de miles de almas que andan esparcidas por este país (a través de las repetidoras) y del mundo (a través de las emisoras digitales de los desarraigados).
Son dueños de procesos mentales superiores, como diría Daniel Cassany, poseen estrategias para determinar cuáles son los datos más relevantes y cuál es la forma más atractiva y creativa de organizarlos y ofrecerlos al lector, radioescucha o televidente. Ellos saben como crear la comunión, el lenguaje compartido con el público. Hacen uso de la fórmula ideada por Krashen: articulan competencia (saber) con actuación (saber hacer) y, realmente demuestran que lo saben hacer.
Lo más goebbeliano y maquiavélico es que estos gurués mediáticos tienen el secreto para llegar a lo más variados contextos comunicativos. En el discurso del Comunicador Social se da un diálogo entre lo oral y lo escrito: las voces de las calles y la de los libros terminan entrecruzándose. Ellos nos demuestran que el Comunicador puede jugar y trabajar con su capacidad de tomar los elementos más útiles de cada código para darle belleza y contenido a sus aplicaciones del lenguaje. Para retratar con encanto la vida cotidiana se debe mamar de los senos de varias musas inspiradoras: literatura, filosofía, cine, teatro, historietas y, lógicamente, la música.
Al estar en ese punto de confluencia entre lo académico y lo popular, debemos hacer de traductores, interlocutores, somos muchas veces los portavoces de la gente. Es nuestra responsabilidad y compromiso, el público no sólo delega obligaciones a los gobernantes, sino también a los profesionales de la comunicación encargados de hacer sonar la voz de los sin voces.
Parece todo muy fácil y divertido, pero ¿cuándo se toman un respiro estos productores culturales hiperactivos? Todo el tiempo estan conectados, escribiendo, leyendo, hablando, grabando, filmando. La pasión por la comunicación (ese Rock and Roll en las venas) es más fuerte que el cansancio. Dichos personajes multimedia constituyen un ideal comunicativo contemporáneo: poder disfrutar del trabajo que uno realiza. Ellos juegan con la lengua estándar, pues al tener el dominio de ésta, se permiten deformarla a su gusto, mestizándola con los dialectos o sociolectos, parodiándola a ella y a su "elite" poseedora. Hablar con humor del "hablar bien" es una forma de conciliar al código escrito con el oral, logrando un uso del lenguaje mucho más rico y dinámico. Son como los Beatles de la primer época: todos pulcros y elegantes con sus trajecitos, pero con esa rebeldía pop en su interior, que los incita a romper las estructuras obsoletas de la sociedad. Ellos son conscientes del dinamismo del lenguaje y lo aprovechan al máximo (tanto en su cara popular, como en la académica) para las múltiples modalidades del hecho comunicativo diría Bratosevich. La clave del éxito reside en el talento del comunicador en lograr complementar la oralidad con la escritura, combinando lo inmediato con lo distante, lo formal, con lo afectivo, generando una verdadera interacción con su público.
El comunicador trasgresor juega con la polisemia del lenguaje de la que habla Pulcinelli Orlando: en su discurso se combinan lo expositivo (el periodismo serio) con lo argumentativo (el ensayista de alma) junto a lo lúdico (el payaso-niño que nos saca del formalismo de la lengua acartonada por las instituciones). Es por eso, que muchos de los que creemos que la realidad es más rica que ese caos gris que nos muestra el zapping o los titulares, nos inspiramos en tipos como éstos que nos enseñan constantemente que la labor de un comunicador es mucho más que producir y difundir noticias monótonamente 24 horas por día. El carisma de oro de estos showmen, que no es exclusivo de ninguna cátedra o doctorado mantiene, vigente la magia de los grandes medios y la de la vida de mucha gente que recurre a ellos diariamente buscando algún sentido.
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