jueves, junio 09, 2005

¡ RETRUCO !

(El presente texto fue escrito por LUCAS BAEZ para ser leido en la cátedra Discursiva IV)

El texto que traigo a compartir con ustedes, surge de uno de los tantos debates que se fueron suscitando en el transcurso de las exposiciones. Me atrevo a decir que tal vez no cumpla con la consigna planteada desde la cátedra, o quizás sí pero a medias. En todo caso siempre va a haber diálogo, tanto en la hipertextualidad del sintagma compuesto como en la negociación, o en tal caso, la discrepancia con el auditorio.
Apelemos a los siguientes cuestionamientos: ¿Son adecuados los aggiornamientos, las preguntas retóricas, las metáforas, las analogías y las estratagemas discursivas en un texto académico? ¿O el comunicador meramente debe limitarse a los tecnicismos que impone la esfera? Esto nos preguntamos el miércoles pasado al debatir sobre la construcción de los textos expuestos en clases precedentes.
¿En qué ámbito estamos inmersos? ¿A quiénes nos dirigimos? El comunicador social, como cientista social, continuamente busca construir enunciados objetivos, pero partiendo del supuesto de que el investigador también es sujeto (como lo dice Bourdieu al exponer la necesidad de objetivar al objetivador es decir, tomar distancia del otro y tomar distancia de uno mismo). Sin embargo, los ensayos expuestos en clase tejían sus discursos apelando a la magia, a la historia de cuentistas, o en otros casos a celebridades del ámbito musical que tomaban vida para darle sentido al texto.
Y aquí vienen las confusiones ¿Acaso no hablábamos de objetividad? ¿Tecnicismo o chabacanería? ¿Enunciados teóricos o máximas del sentido común?
Foucault sostiene que en toda formación discursiva, en un discurso determinado, no hace falta remitirse a un a priori histórico, ni tampoco remitirse a la experiencia del sujeto alocutario para ver lo que quiere decir con lo que dice. Porque en todo caso, es en el texto mismo donde se pueden visualizar estas cosas. El texto es una totalidad que no solo se compone de su estructura morfológica, sintáctica y semántica, sino también de su puesta en escena. Partiendo de esto, debemos admitir que estamos trabajando sobre cosas dichas, sobre saberes que ya están insertos en nuestra experiencia. Y por ello, en toda práctica discursiva continuamente recurrimos a la memoria.
De una manera u otra la premisa de este práctico recae en decir lo mismo de forma distinta -es decir, decimos lo mismo pero no decimos lo mismo- cuando realizamos analogías o metáforas utilizamos un bagaje de herramientas discursivas que dan cuenta de la apropiación que se hace del objeto cultural. Es un hecho que trabajamos, de algún modo, con tautología y es por ello que se pueden justificar los recursos del sentido práctico empleados en los textos.
En “Los patrones de la argumentación”, Roberto Marafiotti expone: “Lo que funciona como garantía última de los argumentos ante cualquier audiencia es el sentido común, porque todo los seres humanos tienen experiencias similares y viven experiencias análogas de modo que comparten los fundamentos que necesitan para usar y comprender métodos similares de razonamiento”.
Es decir, lo que buscamos de manera genuina es tener influencia en el auditorio. Como productores culturales que exploramos el campo discursivo hace varios años, somos conocedores de varias estrategias y herramientas que nos posibilitan construir sentido con y para los otros.
Teniendo en cuenta esto y el contexto de situación en que estamos inmersos en este momento, vuelvo a preguntar: ¿está mal recurrir a la ficción, a la invención y las comparaciones ante un auditorio que hace largo tiempo viene escuchando y trabajando las mismas categorías conceptuales?
Quiero hacer énfasis en esto: la propuesta es recurrir a la memoria y a la experiencia para hablar de las mismas categorías pero de otra forma. Recurrir a la creatividad no excluye la utilización de datos, garantías, modalizadores, restricciones, soportes y conclusiones que son los elementos básicos para construir nuestro ensayo argumentativo.
Llegando al final daré respuesta a la incertidumbre que posiblemente generó el título. Retruco es una palabra que se enuncia generalmente en el tradicional juego de naipes denominado: Truco. Decir retruco es ser ambicioso, es pedir más tanto y no conformarse con lo que se tiene. Desde mi punto de vista es esa la actitud que debemos tener como profesionales, marcando por supuesto las diferencias que se dan por ser esferas distintas. En este ámbito la ambición no debe ser sumar puntos sino saberes, no conformarnos con las competencias ya adquiridas sino buscar nuevas, por medio del debate y la argumentación.
No sé si he cumplido con la consigna pautada por la cátedra. Aborde sobre la temática de un debate que se presentó en el transcurso de las clases y que consideré pertinente a la práctica que estamos llevando a cabo. Mi intención no es más que continuar, críticamente, con una discusión que considero válida por su altura y sus diversos puntos de vistas; que con el aporte y la confrontación nos formará como comunicadores más analíticos. Espero ansiosamente que luego de esta exposición algún compañero pida la palabra y cante: ¡Quiero vale cuatro!
Muchas Gracias.


Bibliografía
Ø Foucault, Michel. “La arqueología del saber” Ed. S XXI 1970
Ø Marafiotti, Roberto. “Los patrones de la argumentación” Ed. Biblos 2003
Ø Menéndez, Silvio Martín. “Gramática textual” Ed. Plus Ultra 1993
Ø Reale, Analía; Vitale, Alejandra. “La argumentación” Ed. Ars 1995
Ø Bajtín, Mijail. “El problema de los géneros discursivos” en Estética de la Creación Verbal (1979) Ed. S XXI 1992
Ø Giddens, Anthony y otros “Significación, producción cultural y escritura”, en su obra “La Teoría social hoy” –1987. Colección Los Noventa. Madrid. Alianza.
Ø Halliday, M. A. K. “Lenguaje y situación” en El lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y su significado. F. C. E. México 1978
Ø Bourdieu, P. “Sociología y cultura”. Ed. Grijalbo / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1990.