miércoles, junio 29, 2005

SENTIR LAS PALABRAS

Este ensayo pertenece a Fernando Rosa y fue leido el 23/05/2005, en la clase de Discursiva IV

Sentir las palabras.

Oí por ahí que el Diccionario de la Real Academia Española ha agregado para su nueva edición alrededor de 2500 palabras.
Sí, 2500 palabras nuevas y algunas enmiendas, adiciones y supresiones a las ya conocidas. Y es que el tiempo todo lo altera y la lengua no es ajena al paso del tiempo, eso me lo enseñó Ferdinand de Saussure[1].
Así aparecen nuevas palabras para aquellos que gustan armar bellos discursos y nosotros futuros comunicadores debemos trabajar con ellas pues las palabras son como nuestra materia prima.
Ahora nos encontramos con vocablos nuevos y algunos, ya los usábamos, pero no estaban incluidos en este prestigioso Diccionario que de cierta forma rige nuestra lengua castellana.
Pero mucho antes de empezar a usar estas nuevas voces, sería mucho más productivo que revisemos las que ya tenemos para que nos pongamos de acuerdo en que queremos decir cuando decimos lo que decimos y sentarnos a debatir si realmente hacemos un buen uso de las palabras, para evitar futuras desilusiones en aquellos que oyen nuestro discurso.
Pues hay palabras que hoy utilizamos y nos llenamos la boca de ellas y sin embargo pareciera que no sabemos que significan o no sabemos aplicarlas o si sabemos pero mejor decir y no hacer.
Palabras que los sectores de poder dicen y proclaman y palabras que las mayorías marginadas por no poder, reclaman.
Por ejemplo la palabra dignidad, la mayoría de la población mundial no la conoce y la dignidad no es sinónimo de afortunado.
Derechos humanos siempre escuchamos estas palabras pero que mal son utilizadas, quienes despotrican por ellos son los humanos más torcidos.
Son los mismos que utilizan la palabra libertad y en su nombre someten a los pueblos a vivir en la pobreza
Y democracia ¿Realmente sabemos aplicar esta palabra? su etimología, es decir su origen, parece ser claro, esta compuesto por dos vocablos griegos demos: pueblo y cratos: poder, gobierno, soberanía.
Estas palabras definen a la democracia como soberanía, poder o gobierno del pueblo, entonces pregunto ¿esto que vivimos es democracia?
Y pensamos como sinónimos los antónimos y de la guerra depende la paz mundial, contradicciones del discurso.
Y si menciono la palabra justicia, quienes deben aplicarla pareciera que no saben que significa. Aunque juzgar sabemos, pero ¿somos justos? Y así trastocamos en insignificantes las palabras que más significan.
Yo quiero luchar contra la realidad de todos los días y pensar que la palabra debe servir a la sociedad y no ser vil con la misma.
Pero mi deseo parece inalcanzable y me pregunto ¿para que sirven las palabras? ¿Para disfrazar la realidad, para que suene bonito lo que decimos y no sea tan evidente lo que hacemos?
Y también pregunto ¿a quienes sirven? Si somos futuros comunicadores sociales nuestras palabras deberían tender al beneficio de la sociedad, pero hoy quienes producen discursos, producen sentido y paradójicamente estamos inmersos en un sinsentido donde los menos tienen más y los más cada vez poseen menos.
Eduardo Galeano lo resume en el título de uno de sus libros esto que vivimos ·”Patas arriba. La escuela del mundo al revés” en un fragmento nos cuenta que “El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contra cara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contra escuela”[2].
Yo siento que la palabra debe ser acción y no simple retórica, debe sonar inadecuada e incoherente a los oídos del poder, debe movilizarse del papel para movilizar y cumplir su papel, el de construir un verdadero sentido de lo que es democracia, de lo que es ser humano, ser justo, ser digno y por sobre todas las cosas darle significado a esto que llamamos vivir.
[1] Saussure, F de “Curso de Lingüística General”, Barcelona, Planeta. 1985.
[2] Galeano, E “Patas Arriba. La escuela del mundo al revés”, Catálogos. 1998.

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