Palabras de una Comunicadora... ¿Poeta Social?
Valeria Andruchovicz escribió este texto para ser leído en voz alta en la clase de Discursiva IV
Mi psicóloga le había dicho a mamá que no en vano yo estudiaba comunicación social. Paradójico pensé: ¿comunicadora social? Yo, que me paso horas frente al equipo de música escribiendo para mí.
¿Será?
Pero bueno... Uno siempre busca expresar algo... a los otros.
Mientras sigo ocupada en la “comunicación intrapersonal”, concepto oído por ahí en algún mes del primer año de la carrera que elegí, recuerdo palabras, y más palabras... Autores que definen o intentan definir al lenguaje, algunos que leí atenta, otros que apenas hojeé desinteresada, y me dí cuenta que escribían sobre el comprender, el hacerse comprender, el “comprender(ser)...
Yo ya amaba las palabras desde antes. Jugaba con ellas. Tomaba frases prestadas de algún libro de poesías, de una canción de Sabina... ¿quién las habrá inventado? ¿para qué?
Descubrí que ellas me alivian, me sirven, me consuelan... ¿seré capaz algún día de acomodarlas bien, de adecuarlas, de modo que sean útiles? ¿de hacer el gesto justo, de dar la mirada casi perfecta, para ser escuchada, y al fin comprendida?
Mi interés aumentaba, y no sólo por las palabras, veía a la comunicación en todos lados, los cuerpos me hablaban, las distancias me decían cosas, es que estaban ahí, esperando para comunicar... Giraud, pensé... ¿habrá influido demasiado en mi vida personal?
La gente empezó a pensar que yo estaba enloqueciendo, con mi análisis barato incluido. Me escuchaba decir a mí misma: “Cuando callás, tu cuerpo me habla...”
A pesar de mi delirio, me decidí a seguir a Halliday, para que me ayude a ver tal vez : ¡ se supone que en la universidad se aprende! aunque Einstein nunca fue a una y la llamaba el “chiquero”. La “piloteé” con las variedades del lenguaje, para llegar al “éxito lingüístico” . No hace falta que les diga que estoy utilizando una variedad dialectal para que me comprendan. ¿O sí?
También recuerdo a Liliana Lazcoz, mi profesora de Discursiva I, cuando nos enseñó a leer a Kerbrat, texto casi imposible para mí en ese entonces, que hoy me dice del sujeto y sus determinaciones psicológicas y culturales y sociales, las cuales tengo que tener en cuenta a la hora de comunicarme.
“Comunicadora” , o no, mi mejor amigo me llama escritora, y ahora estoy comunicando esto... pero... ¿entienden de qué les hablo? ¿me hago comprender?
Hablo de lo útiles que son las palabras, del poder que tienen, tanto, que a veces las prefiero a ellas antes que a una salida con amigos...
Es que me gusta escribirlas y darles sentido, por eso escribo más de lo que leo, aunque lo vean egoísta, o poco productivo...
Así que comunicadores, escriban, comuniquen. Sé que en el Anexo hay poetas, que en cuadernos y a los tachones, escriben maravillas, con la sensibilidad del artista, emociones y sentimientos...
“Apertura del sentido, rebasamiento de las fronteras ideológicas, gozosa manifestación del don misterioso de la metáfora, como trinchera última, desde la cual defendernos de la uniformidad mercantil...” expresa el ensayista Ricardo Foster.
¿Es que acaso piensan que debemos dejar de comunicar sentimientos? No es algo tonto. Es lo que necesitamos y buscamos y nos cuesta encontrar hoy comunicadores sensibles a la realidad, empáticos, con ganas y humanos. No necesitamos más noticias en pirámide invertida, estructuras, o más comunicadores hechos de libros. ¡Esos sobran!
“En un ensayo de una belleza y una profundidad inigualables, Claudio Magris ha logrado plasmar lo impostergable de la fe literaria, la secreta persistencia, en su itinerario por la vida humana, de lo ineludible de la literatura como expresión de lo abierto que es, al mismo tiempo, lo secreto y esencial” , continúa Foster.
Magris, otro ensayista, afirma que: “Sin literatura, la existencia sería infinitamente más pobre, no porque ella nos transfiera continuamente hacia las regiones maravillosas de la imaginación, saltando por los límites de una realidad trivial, sino precisamente porque logra, sin abandonar nuestra cotidianeidad, hacerla estallar en mil direcciones, quebrando las univalencias, las formas acabadas de lo verdadero.”
Yo, mientras tanto, voy a seguir tomando frases prestadas, discursos ajenos, de una canción de Illya Kuryaki, de un disco de Spinetta, de un libro de Borges, para crear el mío resignificando sentidos. No tengo que aclarar que leí a Bajtin ¿no es cierto?
Tal vez, nací para ser comunicadora social... Igual voy a seguir escribiendo, para poder comunicarme, y quizás mi comunicación conmigo, pueda ser útil algún día.
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Bibliografía:
-HALLIDAY, M. A. K: 1978 “Lenguaje y situación” pg. 41 a 51 (en Lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y su significado. F.C.E., México, 1982)
-BAJTÍN, Mijail (1952/ 3) “El problema de los géneros discursivos” (Pg. 248 a 293) En Estética de la Creación Verbal. Bs.As., Siglo XXI, 1992. (1ra. Ed. en ruso, 1979). Fragmentos seleccionados.
-CASSANY, Daniel 1987 Cap. “¿Qué es el código escrito?” Pg. 27 a 49 (En Describir el escribir. Cómo se aprende a escribir. Barcelona, Paidós. 1991
-Cassany Daniel, Luna Marta, Saenz Gloria; ENSEÑAR LENGUA, Barcelona, 1994.
-Kerbrat Orecchioni, Catherine. La Enunciación. Bs. As., Hachette, 1995.
-Giraud, Pierre (1980) “El lenguaje del cuerpo” México. F.C.E. pp 65-117
-Revista Lezama. Bs. As., junio de 2005, N° 14.

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