martes, julio 12, 2005

EL MEDIO MENSAJE Y SU MANIPULACION PARA COMUNICAR CON EFECTO


El medio-mensaje y su manipulación para comunicar con efecto es un ensayo de Ricardo Bühler


El Comunicador Social profesional como formador de opiniones, de ideas, tendencias; como mediador, como intérprete entre la realidad y las personas; como motor y generador de fuentes inagotables de circulación de saberes o información, como líder político, religioso, como censor; como tergiversador; como objetivador…….como productor de cultura, de sentido, de significados… La lista puede seguir ampliándose en esta búsqueda de identidad o categorización en la cual se suele colocar al Comunicador Social.
No creo que sea fácil poder dar un perfil exacto e impecable del Comunicador Social profesional, solamente paso lista de algunas funciones a las que estamos acostumbrados todo el tiempo a escuchar decir, ver o practicar, de esta disciplina.
Archi sabido está, que en el mundo de la comunicación se encuentran una gran cantidad de factores que inciden en la misma, pero en resumidas cuentas, decimos que hacemos uso de un código y un medio para la circulación del mensaje.
El medio es el mensaje[1], nos dicen algunos. Y si el medio es el mensaje, qué bien debe estar construido el mensaje, ¿no? Las reglas de coherencia, adecuación y cohesión ya las tenemos presentes -muchos las han explicado varias veces y no creo necesario volver sobre este tema-. Para mí lo importante sería pensar en cómo se va a utilizar el mensaje, con qué fines. Si no tenemos incorporadas las técnicas, las reglas ortográficas, las estrategias retóricas, y otros recursos del discurso, se nos puede hacer insostenible esta doble acción de medio-mensaje.
La creación y circulación del mensaje está estrechamente relacionada y condicionada con el fin a alcanzar. Es decir, se lo manipula de acuerdo al efecto que se quiere causar en un determinado ambiente. Para ejemplificar esto, podría utilizar los ensayos realizados por mis compañeros. Para la creación de sus discursos, tuvieron seguramente varios condicionamientos que incidieron en su conformación. Algunos eran estructurados y formales, bien redactados; otros hablaban de sueños, deseos y metas a conseguir; otros eran más críticos, desafiantes, provocadores y problemáticos, otros desinteresados y conformistas, algunos una mezcla de todo. Pero algo en común tenían. Ese algo, era el fin y efecto que querían causar. Los textos nos pueden atrapar, aburrir, dejarnos más o nuevos interrogantes, resolvernos otros; volvernos coléricos porque no los entendemos; nos pueden agradar o no; nos pueden enseñar; nos pueden ser indiferentes, vacíos, obsoletos… es más, pueden causarnos miles de efectos inesperados. Eso sí, algún efecto es producido y no creo por eso que el discurso sea inocente o esté libre de culpa y cargo, al igual que su autor, el Comunicador intencional. Siempre se busca producir algo con los discursos que elaboramos.
Todos somos comunicadores por naturaleza[2], y ahora bien, ¿cuán delgada es la brecha entre un Comunicador Social profesional graduado de la universidad y el Comunicador Social experimentado sin estudios académicos especializados en esta área? ¿Un título universitario nos da ese privilegio de decir…” somos profesionales de la comunicación”? Ese Comunicador Social experimentado (pero sin título universitario) ¿no usa estrategias ni métodos discursivos adquiridos? Creo que se debería pensar un poco mejor en cuanto a las categorías a las cuales estamos acostumbrados a encasillarnos y encasillar a los demás. Nosotros adquirimos herramientas gramaticales, gestuales, retóricas, periodísticas, filosóficas, antropológicas, empáticas, científicas, discursivas, etc. pero muchos de ellos también los tienen y no por eso dejan de ser Comunicadores Sociales profesionales. Ellos también comunican de manera consciente, seria y con buenos resultados si hablamos de efectos. La diferencia puede estar solamente en un papel que certifica la veracidad de todo lo adquirido. Algunos ejemplos de estos otros Comunicadores pueden ser, los directores de cine, músicos, artistas plásticos, o cualquier otra persona que realice algún tipo de arte. Conocen algunas técnicas, no todas, tienen otra formación, pero su medio-mensaje puede funcionar bien, ser recibido, comprendido, interpretado o todo lo contrario –cosa que nos sucede también a nosotros-.
No existe una receta mágica y exitosa que funcione en todos los ámbitos de la comunicación. Sí existen formas, modelos o estructuras que funcionan bien en ciertos tipos de espacios. Si queremos que una canción alcance un reconocimiento, sea escuchada y bien criticada, usaremos una estructura pre establecida que es: introducción, estrofa-estribillo, estrofa-estribillo, solo y estribillo hasta el hartazgo (sino pregúntenle a Lenny Kraviz[3] de esto). Esto funcionaría bien -y de hecho funciona- generalmente en los ambientes de la música popular más contemporánea (por ejemplo en los estilos baladas Pop o Rock). ¿Pero qué pasa? Todo sería muy fácil si hiciéramos caso a esas mini fórmulas del éxito, ¿no? Por suerte –y esto es lo mejor para mí- estas estructuras milagrosas son flexibles y hasta incluso quebradizas.
A lo largo de la historia se ha visto como viejas estructuras se fueron flexibilizando, quebrando o abandonando para dar paso a otras más nuevas y modernas. Estas nuevas formas nunca caen bien, son difíciles de aceptar. Es dentro de esas nuevas formas que se encuentra algo maravilloso que tiene el ser humano como pensador y creador de su entorno cotidiano. Nosotros tenemos ese potencial de creatividad que nos permite pelearnos con lo establecido, podemos amoldarlo, romperlo, re ajustarlo, reciclarlo, reelaborarlo a nuestro propósito, causa, fin y efecto buscado.
“El Comunicador puede jugar y trabajar con su capacidad de tomar los elementos más útiles de cada código para darle belleza y contenido a sus aplicaciones del lenguaje[4]”.

Plantearnos estas cuestiones –que solamente son algunas de todas las que se nos pueden ocurrir- es enriquecedor y debemos saber aprovecharlas. Y no solamente para quedarnos en la mera crítica, sino, para poder seguir buscando nuestra forma de comunicar, usando elementos y herramientas de otras disciplinas. Es un constante practicar y practicar; hacer y deshacer; probar y evaluar, es un seguir adelante y no quedarse en lo establecido, es desafiar a las leyes y animarse a crear nuevas formas de comunicar. Todos buscamos un fin, una meta… comunicar algo y producir algún efecto.

Como dijo un amigo mío, ”…esto es todo lo que tengo para decir al respecto”[5].



Bibliografía:

- Cassany, Daniel. “¿Qué es el código escrito?” En Describir el escribir
- Mc Luhan, Marshall. Caliente y Frío.
- Jiménez, Christian. En “El Rock and Roll del comunicador social”.
- Salvador, Emiliano. En “Los lenguajes de la comunicación”.
- Halliday, M.A.K. “Lenguaje y situación”. En el lenguaje como semiótica Social.
[1] Marshall Mc Luhan
[2] Emiliano Salvador en: Los Lenguajes de la Comunicación.
[3] Músico pop-rock
[4] Christian Jiménez en “El Rock and Roll del Comunicador Social”
[5] Forest Gump en la película Forest Gump.

viernes, julio 08, 2005

PRE-TEXTO


PRE-TEXTO es un ensayo de Silvana Villalba para Discursiva IV



“No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,
No hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;
La tarea que emprendo es ilimitada
Y ha de acompañarme hasta el fin,
No menos misteriosa que el universo y que yo el aprendiz.”
Jorge Luis Borges.-

“Quien se siente responsable de la palabra ayuda al hombre a vencer el mal.”
Jöao Guimaräes Rosa.-


Este texto es un pre-texto.
Es un pre-texto porque el despliegue y asimilación teórico y conceptual que pueda caber en él no agotan, si reducen, a mi perspectiva, la consigna de cómo entiendo y vislumbro mi rol como comunicador y su ejercicio y desempeño, en el futuro.
Un bagaje de conocimientos no es un garaje de conocimientos. No se puede uno estancar en la mera acumulación y repetición de teorías y de información que en nada nos transforme o motive al actuar. Lo digo pues, es una idea recurrente en mi, -desde que comencé a leer en la carrera- lo que en un principio entendía como simplemente el “saber hacer”. Luego, autores ampliaron y aclararon mi noción -denominada performance- como el modo y la manera de aplicar y trasformar en hechos concretos y reales, lo que se dice nada más que de manera enunciativa, la más de las veces de manera teorizante y abstracta.
Por ello, me parte la cabeza la manera de hallar la forma de explicar a ésta capacidad y poder que tiene el discurso más allá de su oralización. Hablar sobre una representación que active, en práctica y se materialice en actos concretos. Es decir, hablamos del “actuar comunicativo” (según nos lo explica Habermas) ese aplicar y rehabilitar como actor del discurso al individuo excluido del juego estructural de los signos, se trata de vincular al locutor y al receptor. Porque como explica J.L Austin “El lenguaje no es solamente descriptivo; es también "realizativo”, es decir, enfocado hacia la realización de algo. Se puede incluso afirmar que su función es realizativa. “Cuando decir es hacer”: por el acto de decir, se puede actuar sobre otra persona, hacerla actuar o hacer uno mismo una acción.”
De hecho, podemos aseverar, siguiendo a Austin que “el lenguaje ya no está descrito en sus estructuras formales, sino en el uso práctico que de él se hace en la vida cotidiana”. Ésta es a mi entender la concepción-herramienta que avala el actuar del comunicador; el que lo capacita como nexo entre la realidad que debe comprender -con esa compleja y densa red de significaciones que en ella se traman- y de esa manera desnaturalizarla para saber que nos quiso comunicar a través de su existir. Se trata de convertirse, para ejercer el desnaturalizar, en “observadores sociales”, éste concepto no sé si lo repite algún autor en especial pero me los sugirieron varios autores, por ejemplo Dorra Raúl cuando dice; “la mirada, la forma exterior de la inteligencia analítica- la encargada de seguir el trazo de la significación”. A ésta altura, deberá claro, un comunicador preocuparse por el capital académico con el cual sabemos que debemos lograr que el discurso suene lindo adecuado, coherente y competente pero también -y por sobre todo- que sea consecuente.
Que se comprometa en el hablar y se proyecte en el actuar, trascienda de manera tanto pragmática como empírica. Del papel a la realidad. Del verbo a la acción.
Pero vuelvo a esto de desnaturalizar, se trata de desenmarañar la complejidad de las significaciones que atañe a toda actividad- o inactividad humana. Estar atento, para así aportar con nuestra perspectiva soluciones a los problemas comunicacionales de la actualidad. Encarnar el feedback, en una sociedad que no puede bastarse con la consumición y la adquisición de tecnología.
Es de esta manera que entiendo nuestro desempeño como comunicadores sociales en alguna organización el día de mañana, ser nexo, ser shifter, ser feedback, ser productor cultural especializado. No agotemos las ideas en un papel sino convirtamos a los textos en verdaderos transmisores, motivadores e incitadores de propósitos, ideas, designios. Y si acaso debieran molestar, que se torne necesario, pero que no pasen inadvertidos. Que no sean sólo una excusa o un subterfugio para lucirse, sino más bien un pre-texto siempre capaz de afanarse a más, que aspira tanto a pulirse como a reflejar. Ser capaz de cristalizarse en acciones, a ser el modo y el medio.
Tengo ahora, concluida la idea en mi discurso, la terrible sensación de no haber dicho o trasmitido nada con él. Me atormenta. Parece incompleto e inerte. Es porque éste texto es un pretexto. Es porque ahora entiendo lo que quiere expresar Wittgenstein con “lo que no puede decirse es lo que ha de hacerse”. Es porque en realidad, soy una eterna aprendiz y la tarea que emprendo es ilimitada, inagotable. Allá voy...
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martes, julio 05, 2005

EL ROCK AND ROLL DE COMUNICADOR SOCIAL

El Rock and Roll de Comunicador Social es un ensayo de Christian Gimenez
El recuerdo (¿trauma?) más inmediato que tengo del ingreso a la carrera es la pregunta del profesor en la primera clase de Multimedial I: "¿Qué hace Pergolini? ¿Comunicación Social o Periodismo?" Esa fue una interrogación existencial para mí, ¿Qué hacía uno de los tipos qué más admiraba y que había servido de excusa- motivo-inspiración para empezar esta licenciatura? La respuesta del docente me alivio: Pergolini era algo más que un periodista, el era efectivamente un Comunicador Social, con las mil y un actividades que realizaba diariamente. Al inicio, es un cambio brusco abandonar el anhelo por el premio Pullitzer con el que venimos, a cambio de las ininteligibles teorías de Marshal- Weaver, Gramsci o Malinowski. Pero descubrir que la objetividad y la noticia son meras banalidades frente a la complejidad y riqueza del acto comunicativo es algo mucho más valioso. Nos permite ver con nuevos lentes a la realidad que construimos diariamente.
Según Benveniste, la actividad discursiva humana es una acción social capaz de construir y transformar el mundo. El discurso es el lenguaje puesto en marcha, en una situación de comunicación, funcionando socialmente. Este discurso se materializa a través del texto, adquiriendo valor de objeto cultural. Y vaya casualidad, nuestra carrera en Alemania es conocida como "Ciencias del Lenguaje".
Según Halliday, el Lenguaje es un potencial, es lo que el hablante puede hacer en el sentido linguístico, es lo que puede significar. El hablante actúa con el objeto de que tenga sentido lo que hace. El Lenguaje es la habilidad de significar en los tipos de situación o contextos sociales que son generados por la cultura.
Es entonces cuándo me asalta la fascinación respecto a la función que llegan a cumplir los comunicadores sociales en la vida de la población, participando en la construcción de sentido, en la percepción de la realidad de todas las personas que los siguen cotidianamente. ¿Cómo hace Petinatto para sacarle una sonrisa a todo el mundo con su programa a las 6 la mañana o Dolina en plena madrugada? ¿Por qué el artículo de Pergolini sobre la muerte de Adolfo Castelo me arranca lágrimas? ¿Cómo hacen para invadir, instalarse y quedarse en el corazón de tantas personas? ¿De dónde sacan estos locos lindos ese Rock and Roll de Comunicador? Con un cóctel de Beatles, Tato Bores, Cortázar y Norman Mailer como competencia discursiva, estos tipos resignifican diariamente la incierta existencia de miles de almas que andan esparcidas por este país (a través de las repetidoras) y del mundo (a través de las emisoras digitales de los desarraigados).
Son dueños de procesos mentales superiores, como diría Daniel Cassany, poseen estrategias para determinar cuáles son los datos más relevantes y cuál es la forma más atractiva y creativa de organizarlos y ofrecerlos al lector, radioescucha o televidente. Ellos saben como crear la comunión, el lenguaje compartido con el público. Hacen uso de la fórmula ideada por Krashen: articulan competencia (saber) con actuación (saber hacer) y, realmente demuestran que lo saben hacer.
Lo más goebbeliano y maquiavélico es que estos gurués mediáticos tienen el secreto para llegar a lo más variados contextos comunicativos. En el discurso del Comunicador Social se da un diálogo entre lo oral y lo escrito: las voces de las calles y la de los libros terminan entrecruzándose. Ellos nos demuestran que el Comunicador puede jugar y trabajar con su capacidad de tomar los elementos más útiles de cada código para darle belleza y contenido a sus aplicaciones del lenguaje. Para retratar con encanto la vida cotidiana se debe mamar de los senos de varias musas inspiradoras: literatura, filosofía, cine, teatro, historietas y, lógicamente, la música.
Al estar en ese punto de confluencia entre lo académico y lo popular, debemos hacer de traductores, interlocutores, somos muchas veces los portavoces de la gente. Es nuestra responsabilidad y compromiso, el público no sólo delega obligaciones a los gobernantes, sino también a los profesionales de la comunicación encargados de hacer sonar la voz de los sin voces.
Parece todo muy fácil y divertido, pero ¿cuándo se toman un respiro estos productores culturales hiperactivos? Todo el tiempo estan conectados, escribiendo, leyendo, hablando, grabando, filmando. La pasión por la comunicación (ese Rock and Roll en las venas) es más fuerte que el cansancio. Dichos personajes multimedia constituyen un ideal comunicativo contemporáneo: poder disfrutar del trabajo que uno realiza. Ellos juegan con la lengua estándar, pues al tener el dominio de ésta, se permiten deformarla a su gusto, mestizándola con los dialectos o sociolectos, parodiándola a ella y a su "elite" poseedora. Hablar con humor del "hablar bien" es una forma de conciliar al código escrito con el oral, logrando un uso del lenguaje mucho más rico y dinámico. Son como los Beatles de la primer época: todos pulcros y elegantes con sus trajecitos, pero con esa rebeldía pop en su interior, que los incita a romper las estructuras obsoletas de la sociedad. Ellos son conscientes del dinamismo del lenguaje y lo aprovechan al máximo (tanto en su cara popular, como en la académica) para las múltiples modalidades del hecho comunicativo diría Bratosevich. La clave del éxito reside en el talento del comunicador en lograr complementar la oralidad con la escritura, combinando lo inmediato con lo distante, lo formal, con lo afectivo, generando una verdadera interacción con su público.
El comunicador trasgresor juega con la polisemia del lenguaje de la que habla Pulcinelli Orlando: en su discurso se combinan lo expositivo (el periodismo serio) con lo argumentativo (el ensayista de alma) junto a lo lúdico (el payaso-niño que nos saca del formalismo de la lengua acartonada por las instituciones). Es por eso, que muchos de los que creemos que la realidad es más rica que ese caos gris que nos muestra el zapping o los titulares, nos inspiramos en tipos como éstos que nos enseñan constantemente que la labor de un comunicador es mucho más que producir y difundir noticias monótonamente 24 horas por día. El carisma de oro de estos showmen, que no es exclusivo de ninguna cátedra o doctorado mantiene, vigente la magia de los grandes medios y la de la vida de mucha gente que recurre a ellos diariamente buscando algún sentido.



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lunes, julio 04, 2005

HABLarte

Habla-arte: ensayo de Pablo Alvarez


Seamos menos partidarios de esa idea de comunicador perfecto, de productor cultural por excelencia, del “dígame licenciado”, de los flagelos por los errores, y de buscar en la profesión intereses que le son ajenos.
Yo apuesto firmemente a la liberación de las mentes, de las palabras, a decir todo lo ya dicho y mucho más, pero de un modo distinto, enriqueciendo el lenguaje, gustando, intrigando, persuadiendo y atrapando.
Si bien estoy de acuerdo con que el comunicador social debe manejar ciertas técnicas, ajustándose a los contextos, utilizando las incontables variedades lingüísticas, es necesario también que el discurso no se desplome como un mero encadenamiento de palabras. Que éstas no estén de paso. Que lleguen... para quedarse. Que exciten e inciten a las personas a llevar a cabo ciertas acciones y objetivos
Para ello debemos zambullirnos en la multifuncionalidad del lenguaje y las palabras, chapotear en la elocuencia y salpicar de creatividad a todos aquellos que sean capaces de vernos, oírnos y escucharnos. Ir un poco en contra de lo estandarizado, sobrepasar los límites de la norma, provocando al receptor, obligándolo a realizar un mayor esfuerzo de comprensión.
Es el desvío de la norma, según Umberto Eco[1], la desviación estética, la que nos permitirá plasmar en nuestros textos, entendiendo a este último como todo aquello que pueda tener una lectura compresiva (discursos orales y escritos), un llamado de atención en el destinatario y ubicarlo en un estado de excitación interpretativa instigándolo a reconsiderar toda la organización del contenido. Sí, apunto allí, al arte, aumentando la dificultad y duración de la percepción, atarte a mi arte liberando tu interpretación, eso sí, una libertad siempre condicionada por el texto, por la retórica empleada. No podemos ir más allá de lo que una palabra pueda significar, pero si jugar con los significados de ella, emplearla artísticamente, enseñar lo cotidiano con expresiones cotidianas vestida de excentricidad, dibujando sensaciones de desarraigo, creando nuevas miradas de lo ya conocido.
Pero ¿Cómo saber cuando el arte entra en juego con la comunicación?, en pocas palabras, es ir más allá de lo lindo, de lo bello, es no estancarse en la pura contemplación, y sí replantearse en qué quiso decir el discurso o la obra en sí, es tomar distancia de la vieja armonía del arte burgués conservador y aproximarnos más a los aportes del impresionismo, dadaísmo y posteriores vanguardias que nos brindaron una nueva concepción del arte, mucho más innovadora y flexible en la construcción de sentidos.
Creo que la mejor manera de combatir el hedonismo que se ha instalado en nuestra sociedad, es satisfaciéndolo. Pero no me refiero a una satisfacción apática, sino más bien, a una reactivación participativa, mayoritaria dentro de lo posible, acrecentando el nivel cultural, enriqueciendo la lengua y dinamizando una mejor y mayor comprensión y reflexión entre los interlocutores
Todo lo antes dicho me lleva a reflexionar sobre mi labor como comunicador social, sobre la construcción de la realidad social a través de un discurso que no se límite, ajustándose a las recetas mágicas de, ¿cómo escribir una crónica?, Veinticinco pasos para una mejor entrevista o ¿cómo escribir un ensayo académico con múltiples citas de autores?
La irresistible idea del comunicador como artista me empuja a crear la imagen de un profesional que no se ciña a los cánones impuesto por la academia, mucho menos desmoronarse en el sensacionalismo o en la insaciable búsqueda por la ansiada primicia.
Mi punto de partida es este: embarcarme hacia horizontes pocos explorados, ahondar en mares reflexivos, enriquecerme en la diversidad cultural y fomentar e inspirar el amor y la pasión por las bellas artes, y encontrar en ellas una forma de expresión y una nueva manera de percibir el mundo que nos rodea.




BIBLIOGRAFIA:
-UMBERTO, Eco, Tratado de semiótica General, en: El texto Estético como ejemplo de invención.
-HALLIDAY, M.A.K. (1978) “Lenguaje y Situación” pg. 41 a 51 en el lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y su significado. F.C.E., México, 1982

Notas:
[1] Eco Humberto, Tratado de Semiótica General, en: El texto estético como ejemplo de invención.